La razón por la que podemos mover las piernas con gracia es gracias a dos pequeñas mutaciones genéticas que se produjeron en la pelvis de nuestros antepasados. Las últimas investigaciones revelan que son estos dos interruptores genéticos los que remodelan nuestra pelvis y hacen posible caminar erguido.

El primer cambio genético hizo que el ilion girara 90 grados. Este hueso, ubicado en el borde superior de la pelvis, exhibe un patrón de crecimiento lateral único en los humanos. El segundo cambio retrasa el tiempo de osificación del cartílago. Los dos trabajan juntos para crear la pelvis humana única en forma de cuenco: la "base" que sostiene la parte superior de nuestro cuerpo.


Un equipo de investigación de la Universidad de Harvard en Estados Unidos descubrió que estos dos cambios genéticos conducen a diferencias clave en el proceso de desarrollo de humanos, chimpancés y ratones: el desarrollo pélvico humano no sólo es diferente en dirección, sino también más lento. Este modelo de desarrollo de "trabajo lento y cuidadoso" nos ha dado una pelvis corta y ancha, más adecuada para caminar erguido.

Aún mejor, los científicos han descubierto que el mecanismo detrás de esto se asemeja a una sofisticada ingeniería de regulación genética. Los genes del cartílago se activan en áreas específicas para lograr la expansión lateral; Los genes de osificación se retrasan en su inicio, lo que le da a la pelvis suficiente tiempo para desarrollarse. Este tipo de control preciso en el tiempo y el espacio interpreta perfectamente la sabiduría evolutiva de "cuatro o dos movimientos de mil libras".

El estudio, publicado en Nature, también revela una paradoja evolutiva: la estructura pélvica que nos permite caminar erguidos también nos hace más susceptibles a las enfermedades de la articulación de la cadera. Éste puede ser el precio de la evolución: intercambiar vulnerabilidad en algunos aspectos por avances en capacidades clave.

Lo que es más interesante es que la pelvis ensanchada también puede haber traído beneficios inesperados: un canal de parto más amplio, creando las condiciones para la evolución posterior del cerebro. Quizás fue esta transformación de la pelvis la que allanó el camino para la posterior explosión de la inteligencia humana.