Un nuevo estudio dirigido por un equipo de la Universidad Médica del Sur en Guangzhou, China, muestra que los abejorros no sólo muestran una tendencia a juzgar más "optimista" después de experimentar eventos agradables, sino que este estado interno positivo también puede transmitirse a sus pares a través de la interacción visual en apenas unos 30 segundos de contacto social, formando un efecto similar al "contagio emocional" en toda la colonia.

El objeto de la investigación fue el abejorro común de cola blanca (Bombus terrestris). Los investigadores primero entrenaron abejas individuales para que aprendieran a distinguir dos colores: un color representa una recompensa azucarada y el otro no representa ninguna recompensa. Después de que se formó esta asociación, el equipo experimental introdujo un color difuso intermedio entre los dos para examinar la velocidad de respuesta y la tendencia de las abejas en "situaciones inciertas". Esta llamada "prueba de sesgo de juicio" se usa ampliamente para medir cómo los animales interpretan señales ambiguas en estados emocionales optimistas o pesimistas.

Los resultados muestran que cuando las abejas están en un estado interno más positivo, se acercarán más rápido a estos colores ambiguos, como si estuvieran "esperando que sucedan cosas buenas"; mientras que los individuos de mal humor o en un estado poco positivo actuarán lentamente o incluso simplemente evitarán estas señales inciertas, proporcionando así una base de comportamiento muy sensible para la identificación posterior de "cambios emocionales".

Después de establecer la línea de base, el equipo de investigación estableció un vínculo clave: proporcionar a una "abeja de demostración" una pequeña gota de sacarosa como recompensa, y luego permitir que la abeja que había disfrutado de la dulce recompensa tuviera contacto social con otra "abeja observadora" que no había recibido la recompensa durante unos 30 segundos. El entorno experimental excluyó señales externas como el olor y el color. La abeja observadora no podía "copiar" imitando señales de búsqueda de alimento. La única información disponible eran los movimientos corporales significativamente activos y el desempeño conductual del otro después de recibir la recompensa.

Posteriormente, los investigadores llevaron a cabo la misma prueba de sesgo de juicio en estas abejas observadoras y descubrieron que estas abejas que no habían probado el agua azucarada en persona, cuando se enfrentaron al color ambiguo, mostraron un comportamiento de aproximación rápida similar a los "ganadores en persona", como si hubieran experimentado cosas buenas. El equipo de investigación consideró este cambio como un "cambio emocional" positivo en el estado emocional interno, en lugar de una simple excitación breve o una simple imitación social.

Para eliminar otros posibles factores, el equipo diseñó un experimento de control: cuando el mismo contacto breve se llevaba a cabo en un ambiente completamente oscuro, las dos abejas aún podían contactarse y tocarse, pero no podían verse. En este caso, el comportamiento de juicio posterior de las abejas observadoras no mostró un cambio significativo en el optimismo, lo que indica que es difícil explicar este fenómeno a través de canales como el tacto o el olfato. La verdadera clave es la percepción visual de las acciones activas de la "abeja de demostración".

El líder de la investigación, Peng Fei, dijo que lo que más sorprendió al equipo fue que este "contagio optimista" se produjo tan rápidamente. Un solo contacto social que duró aproximadamente medio minuto fue suficiente para cambiar el patrón de observación de señales inciertas después de observar a las abejas. Esto significa que el estado interno de las abejas puede ser "regulado" indirectamente por sus pares en muy poco tiempo sin compartir alimentos ni comunicarse mediante señales claras.

Estudios anteriores han demostrado que las propias abejas pueden oscilar entre estados positivos o negativos, y este trabajo muestra además que este estado interno no es sólo a nivel individual, sino que puede extenderse a través de interacciones sociales en el grupo, lo que brinda a las personas una comprensión más detallada del comportamiento del grupo de abejorros y del mecanismo de adaptación social.

A nivel mecanicista, aunque el equipo de investigación no midió directamente los cambios en los neurotransmisores de las abejas, señalaron que los patrones de comportamiento de las abejas observadas después de un breve contacto eran muy similares a la tendencia de los insectos a ser más optimistas ante señales ambiguas cuando aumentan experimentalmente los niveles de dopamina. Por lo tanto, se especula que la regulación de las vías de recompensa relacionadas con la dopamina puede estar involucrada detrás de este "contagio visual", pero los mecanismos neuronales específicos aún deben verificarse más a fondo por medios neurobiológicos en el futuro.

Esta investigación también plantea una pregunta inversa igualmente importante: dado que los estados internos positivos pueden propagarse rápidamente entre las abejas, ¿es posible que los estados negativos como la perturbación, el estrés, etc., se propaguen de manera similar entre las abejas? Los investigadores señalaron que si esta suposición es cierta, entonces en escenarios de manejo artificial o utilización agrícola, el bienestar de las colonias de abejas no son sólo "indicadores duros" como la alimentación, la nutrición y el control de enfermedades. Crear un entorno lo más tranquilo y con la menor presión posible también puede ser un factor clave para mantener la salud general y la eficiencia de la colonia de abejas.

En general, este estudio publicado en la revista Science muestra que los abejorros son capaces de transmitir a sus compañeros un estado interno similar a las "emociones positivas" a través de un breve contacto visual. Esto añade una nueva capa a la comprensión del comportamiento social de los insectos y recuerda a la gente que incluso los animales pequeños pueden tener experiencias instantáneas y mundos internos mucho más ricos que la impresión tradicional de "reacciones instintivas mecánicas".

El próximo plan del equipo de investigación se centrará en seguir desvelando las bases neuronales y las vías fisiológicas de este "contagio" emocional, incluidas las funciones que desempeñan en él las diferentes regiones del cerebro, y la escala espaciotemporal de la propagación de estos estados internos en el grupo, para explicar mejor por qué interacciones de apenas decenas de segundos pueden dejar huellas duraderas a nivel de comportamiento.

Los investigadores todavía se muestran cautelosos a la hora de evitar equiparar directamente este fenómeno con la "felicidad" o la "alegría" en el sentido humano, pero este trabajo sin duda desafía el estereotipo de que "los insectos son sólo máquinas instintivas" y muestra que incluso animales diminutos como las abejas tienen estados internos que pueden influirse y moldearse entre sí. Estos procesos psicológicos invisibles participan silenciosamente en la construcción de la vida diaria y la estructura social de la colonia de abejas.