Los científicos observaron por primera vez la "cuerda de Bethe" en gas ultrafrío y la predicción cuántica de 1931 se hizo realidad

📅 2026-09-26

Resumen:

Una predicción de la mecánica cuántica nacida en 1931 finalmente fue realizada con éxito por los científicos casi un siglo después.

Un equipo de investigación de la Universidad de Innsbruck en Austria, la Universidad de Amsterdam en los Países Bajos y la Universidad Técnica de Munich en Alemania anunciaron que crearon y observaron directamente estructuras cuánticas especiales llamadas "Bethe Strings" por primera vez en gases atómicos ultrafríos. Este logro no sólo verifica la predicción teórica propuesta por el físico alemán Hans Bethe hace casi un siglo, sino que también proporciona una nueva plataforma experimental para estudiar sistemas cuánticos de muchos cuerpos.

Bate propuso en 1931 que en algunos sistemas cuánticos especiales, las partículas pueden formar un estado unido único. Estos grupos de partículas se denominan cuerdas de Bethe y sólo pueden existir en un entorno unidimensional, es decir, un sistema en el que las partículas sólo pueden moverse en línea recta.

A diferencia de las moléculas tradicionales, las cuerdas de Bet no dependen de enlaces químicos para mantener su estructura, sino que permanecen combinadas completamente a través de interacciones cuánticas entre partículas. Debido a esto, durante mucho tiempo se la ha considerado una de las predicciones más elegantes y difíciles de probar de la teoría cuántica de muchos cuerpos.

Durante las últimas décadas, los científicos han observado indirectamente fenómenos relacionados con las cuerdas de Bethe en materiales magnéticos de estado sólido. Pero estos sistemas carecen de suficiente controlabilidad, lo que dificulta a los investigadores regular con precisión las interacciones entre partículas.

Ahora, el equipo de investigación ha construido con éxito por primera vez una cuerda Bethe en un gas atómico ultrafrío, creando un entorno ideal para seguir estudiando sus propiedades.

Sudipta Dhar, uno de los líderes del estudio, dijo que las cuerdas de Bethe aparecieron en teorías matemáticas que describen sistemas cuánticos de muchos cuerpos hace casi un siglo. Ahora, los investigadores no sólo pueden crearlos en el laboratorio, sino también manipularlos, hacerlos colisionar y estudiar su sorprendente estabilidad.

Para permitir que se formaran las cuerdas de Bethe, el equipo primero enfrió los átomos de cesio a sólo unas pocas milmillonésimas de grado por encima del cero absoluto. Luego utilizaron un dispositivo especial para distribuir los átomos en miles de tubos microscópicos extremadamente estrechos.

La función de estos tubos es limitar la dirección del movimiento de los átomos para que las partículas casi sólo puedan moverse en línea recta, creando así el entorno cuántico unidimensional requerido por la teoría.

Después de establecer este sistema, los investigadores ajustaron la naturaleza de la interacción entre los átomos, convirtiendo el estado originalmente mutuamente excluyente en atracción mutua.

Intuitivamente, una fuerte atracción podría provocar el colapso de toda la nube de átomos. Sin embargo, los experimentos encontraron que el sistema no colapsó, sino que formó múltiples grupos unidos estables. Estos grupos varían en tamaño, y algunas estructuras contienen más de seis partículas agrupadas.

El equipo de investigación confirmó que estos grupos especiales son exactamente las cuerdas de Bethe predichas por la teoría de Hans Bethe de 1931.

Este experimento con gas ultrafrío tiene ventajas obvias sobre observaciones anteriores en materiales sólidos. Los investigadores no sólo pueden ajustar la densidad de las partículas, sino también controlar con precisión la geometría del sistema y la intensidad de las interacciones entre partículas, lo que les permite estudiar la formación y evolución de las cuerdas de Beit con un grado de libertad sin precedentes.

Los científicos dijeron que este resultado no sólo es una verificación importante de la teoría cuántica clásica, sino que también ayuda a comprender en profundidad el comportamiento complejo de los sistemas cuánticos unidimensionales.

Dado que el desarrollo de la computación cuántica, la simulación cuántica y los futuros sistemas de comunicación cuántica dependen de la comprensión de los fenómenos cuánticos de muchos cuerpos, se espera que la investigación de cuerdas de Bethe se convierta en una base teórica y experimental importante en campos relacionados.

Desde la derivación matemática en 1931 hasta la realización experimental en 2026, este viaje científico que abarca 95 años finalmente ha llegado a su fin. Para la comunidad de la física cuántica, este no es el final, sino un nuevo punto de partida para explorar estructuras cuánticas más complejas.

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