Investigadores del Centro para el Descubrimiento y la Resistencia a los Antibióticos de la Universidad de Oklahoma han descubierto moléculas que inhiben las bombas de eflujo bacteriano, mejorando así la eficacia de los antibióticos. El avance implica un mecanismo de "cuña molecular" y ofrece una vía prometedora para que nuevos tratamientos combatan la resistencia a los antibióticos.
La Organización Mundial de la Salud ha identificado la resistencia a los antimicrobianos como una preocupación mundial porque la mayoría de los antibióticos clínicos ya no son eficaces contra determinadas bacterias patógenas. El Centro para el Descubrimiento y la Resistencia a los Antibióticos de la Universidad de Oklahoma, dirigido por la Dra. Helen Zgurskaya y el Dr. Valentin Rybenkov, está trabajando para encontrar soluciones de tratamiento alternativas.
Los antibióticos actúan dirigiéndose a partes específicas de la célula bacteriana, como la pared celular o su ADN. Las bacterias pueden volverse resistentes a los antibióticos de varias maneras, incluso mediante el desarrollo de bombas de eflujo (proteínas ubicadas en la superficie de las células bacterianas). Cuando un antibiótico ingresa a una célula, una bomba de eflujo lo bombea fuera de la célula antes de que alcance su objetivo, por lo que el antibiótico nunca mata las bacterias.
Sin embargo, investigadores de la Universidad de Oregón publicaron recientemente un hallazgo en la revista Nature Communications. Los científicos han descubierto una nueva clase de moléculas que inhiben las bombas de eflujo, lo que permite que los antibióticos vuelvan a funcionar.
Estos inhibidores tienen mecanismos de acción novedosos que hasta hace poco no estaban claros. El equipo de Zgurskaya, trabajando con equipos del Instituto de Tecnología de Georgia y el King's College de Londres, Reino Unido, descubrió que estos inhibidores actúan como "cuñas moleculares" que se dirigen a la región entre las membranas interna y externa de las células, mejorando la actividad antimicrobiana de las bacterias. Comprender este mecanismo podría facilitar el descubrimiento de nuevas terapias para la aplicación clínica de los antibióticos.
"Ya vivimos en una era post-antibióticos y, a menos que se encuentren nuevas soluciones a la resistencia a los antibióticos en las clínicas, la situación empeorará. Nuestros hallazgos facilitarán el desarrollo de nuevos tratamientos para ayudar a aliviar la crisis que se avecina", afirmó Zgurskaya.