Un nuevo estudio dirigido por la Universidad de Viena señala que la antigua visión clásica de que "el parto humano es excepcionalmente difícil" puede estar significativamente exagerada. Al revisar sistemáticamente los registros de nacimiento de varios mamíferos, los investigadores descubrieron que los procesos de nacimiento peligrosos y difíciles están muy extendidos entre los mamíferos y no son exclusivos de los humanos.

En antropología y biología evolutiva se ha citado repetidamente la teoría del "dilema obstétrico": para caminar erguido, la pelvis del hombre se estrecha, pero al mismo tiempo tiene que dar a luz bebés con cerebros anormalmente desarrollados y cabezas enormes, formando así un "canal de nacimiento" extremadamente estrecho y peligroso. Esta declaración no sólo quedó escrita en los libros de texto, sino que también afectó profundamente la comprensión del público sobre el parto humano. Sin embargo, la última investigación publicada en "Biological Reviews" muestra que si los humanos volvemos a ser parte de la amplia familia de los mamíferos, el llamado "parto especialmente difícil" no es tan único como se imagina.

Nicole Grunstra, del Departamento de Biología Evolutiva de la Universidad de Viena, realizó una revisión de la literatura y recopiló sistemáticamente una gran cantidad de casos de complicaciones en el parto en animales domésticos y mamíferos salvajes, abarcando ganado vacuno, ovejas, focas, ciervos, ballenas, elefantes y otros mamíferos placentarios. Los resultados muestran que la distocia es común en muchas especies, incluso en aquellas que han pasado por largos períodos de selección natural y viven en estado salvaje. En algunas especies, la mortalidad materna por parto es comparable a la de algunas sociedades humanas que carecen de atención médica moderna, incluidos algunos grupos de cazadores-recolectores.

Las investigaciones señalan que incluso los animales que no tienen una "pelvis estrecha" como los humanos, como las ballenas y los delfines, pueden tener fetos atrapados en el canal del parto. En especies como los ciervos y los antílopes, las tasas de complicaciones en el parto y muertes maternas son similares a las de algunos grupos humanos, y los tipos y causas de muchas complicaciones también son muy similares. Por ejemplo, en especies que necesitan dar a luz crías más grandes y altamente desarrolladas al nacer (como algunos monos, ungulados y elefantes), es muy común un "ajuste estrecho" entre el feto y el canal del parto. Esta coincidencia de tamaño "perfecta" garantiza la supervivencia de las crías después del nacimiento, pero también aumenta significativamente el riesgo de distocia.

La sobrenutrición es otra vía de riesgo compartida entre especies. Los estudios han señalado que en humanos, otros primates e incluso algunos roedores, una nutrición excesiva puede promover un mayor aumento del tamaño del feto, aumentando así la probabilidad de complicaciones como la obstrucción durante el parto. Para las especies en las que los nacimientos múltiples son la norma, como los perros y los cerdos, el problema se transforma en el equilibrio entre el "número de nacimientos" y el "tamaño corporal": cuando el número de nacimientos es demasiado reducido, cada cría puede ser demasiado grande y es más probable que quede atrapada en el canal del parto; cuando el número de nacimientos es demasiado, el individuo es demasiado pequeño y tiene una postura desordenada, lo que formará una "obstrucción por acumulación" y también provocará la obstrucción del canal del parto.

Desde una perspectiva evolutiva, una pregunta obvia es: si la distocia puede ser fatal en múltiples especies, ¿por qué la selección natural no ha eliminado por completo este riesgo? La explicación dada por el estudio es una "compensación": las crías más grandes tienden a tener una mayor probabilidad de sobrevivir después del nacimiento, pero un tamaño excesivo representará una amenaza directa para la madre y el feto durante el parto. Esto permite que el proceso evolutivo mantenga un rango de equilibrio extremadamente estrecho entre "dar a luz" y "sobrevivir": si el feto es demasiado pequeño, es posible que no sobreviva después del nacimiento; si el feto es demasiado grande, puede "quedarse atascado" durante el proceso de nacimiento.

En los humanos, este equilibrio toma la forma de una contradicción entre un "cerebro enorme" y una "pelvis adaptada para caminar erguido", lo que da lugar a un parto notoriamente difícil. Pero en otros mamíferos existen enigmas estructurales similares, aunque en formas diferentes. Por ejemplo, cuando las vacas, los caballos y los ciervos dan a luz, a menudo es necesario que la cabeza y las extremidades anteriores del feto pasen a través del pasaje pélvico relativamente rígido al mismo tiempo. Este requisito anatómico de "paso sincrónico" en sí mismo puede causar fácilmente atascos y obstrucciones.

El equipo cree que tratar el nacimiento humano únicamente como "especial" ignora el contexto evolutivo más amplio. Si volvemos a colocar el parto humano en el mapa evolutivo de los mamíferos, podemos ver que para muchas madres de mamíferos y sus crías, el proceso de nacimiento es mucho más peligroso de lo que tradicionalmente consideramos "natural y fluido". Este hallazgo desafía las suposiciones arraigadas sobre la dificultad única del parto humano y resalta la necesidad de una referencia más sistemática a otras especies cuando se habla de reproducción y parto humanos para comprender las compensaciones de alto riesgo que los mamíferos generalmente enfrentan durante la reproducción.

Los autores del artículo señalan en su conclusión que los humanos no son "las únicas víctimas de partos difíciles". En cambio, la distocia puede ser un desafío biológico común y costoso que enfrentan los mamíferos placentarios durante su evolución y que es difícil de evitar por completo. De ahí el sencillo título del estudio: "Los seres humanos no son únicos: la distocia es común entre los mamíferos placentarios".