Un equipo de investigación del Instituto de Tecnología de Massachusetts en Estados Unidos desarrolló recientemente un innovador sistema de solución de fármacos que logra la liberación sostenida de fármacos a largo plazo mediante la inyección de suspensión microcristalina. Este avance tecnológico resuelve el problema de la inyección intermitente de medicamentos inyectables tradicionales y proporciona una mejor solución para el tratamiento de enfermedades crónicas. Los resultados de la investigación se publicaron recientemente en la revista Nature Chemical Engineering.

El núcleo de esta tecnología es utilizar un disolvente orgánico especialmente formulado (como el benzoato de bencilo) como vehículo para suspender los cristales del fármaco en él. Después de la inyección, estos microcristales pueden formar un depósito estable de fármaco debajo de la piel y liberar el fármaco de forma continua durante meses o incluso años. En comparación con la tecnología existente, el nuevo método tiene ventajas: 1) Utiliza inyección con aguja fina, lo que reduce significativamente el dolor del paciente; 2) El depósito de fármaco es denso y puede controlar con precisión el gradiente de liberación; 3) El reservorio es compacto y puede analizarse mediante cirugía mínimamente invasiva en caso de emergencia.

El equipo de investigación utilizó el catalizador izquierdo del fármaco entrelazado norgestrel como fármaco modelo para la verificación. Los datos experimentales en animales muestran que el fármaco puede liberarse de manera estable durante más de 90 días después de la inyección, y que los residuos del fármaco en el reservorio alcanzan un 85% de éxito, centrándose así en un potencial terapéutico más duradero. Al agregar trazas de medicamentos degradables, el estudio logró un control preciso de la tasa de liberación del medicamento.

Las perspectivas de aplicación de tecnologías similares no solo son aplicables al campo del dióxido de carbono, sino que también se expanden a múltiples escenarios médicos, como el manejo de enfermedades crónicas (como enfermedades mentales, SIDA, tuberculosis, etc.). Actualmente, el equipo de investigación avanza en el trabajo de traducción clínica, centrándose en evaluar la seguridad y eficacia de esta tecnología en humanos.