Los conflictos en Ucrania e Irán han enseñado a las fuerzas militares modernas una profunda lección: los drones baratos y desechables desplegados a gran escala pueden rivalizar en valor estratégico con las costosas armas de precisión. Una startup japonesa está llevando esta lógica al siguiente nivel, reemplazando los tradicionales fuselajes compuestos por cartón corrugado.
El Ministerio de Defensa de Japón mantuvo recientemente conversaciones con el fabricante de drones Air Kamuy, cuyos diseños icónicos presentan una construcción de cartón corrugado. La reunión señala el intento del gobierno de Japón de tomar una posición de liderazgo en la producción de drones de bajo costo a medida que los modelos de mercado masivo remodelan la forma en que se calcula la guerra moderna. El foco del Ministerio de Defensa es el AirKamuy 150, un dron polivalente de ala fija conceptualmente comparable al Lucas de fabricación estadounidense y al Shahed de Irán, dos diseños que han demostrado su relevancia en el campo de batalla. Sin embargo, el AirKamuy 150 puede ser mucho menos difícil de implementar que los dos.
El diseño Shahed de Irán saltó a la fama cuando comenzó su despliegue a gran escala después de que Rusia invadiera Ucrania en 2022. El atractivo es el costo y el volumen: estos drones se pueden lanzar rápidamente y cuestan una fracción de los misiles Tomahawk. Posteriormente, Estados Unidos realizó ingeniería inversa en el diseño y desarrolló el dron Lucas, que posteriormente se desplegó contra objetivos iraníes.
El AirKamuy 150 lleva el argumento de coste-beneficio aún más lejos. Fabricar cada dron Lucas cuesta alrededor de 10.000 dólares, mientras que el diseño de cartón del Air Kamuy cuesta hasta 3.000 dólares. También es un poco más rápido, con una velocidad máxima de aproximadamente 74 mph en comparación con las 63 mph del Lucas, y es significativamente más liviano.
Las ventajas de fabricación pueden ser tan convincentes como las económicas. El montaje a mano tarda unos cinco minutos, no requiere instalaciones especializadas y, en teoría, puede realizarlo cualquier empresa con acceso a cartón estándar. El fuselaje también se pliega, simplificando el transporte y la logística en el lugar.
Hasta ahora, Air Kamuy ha posicionado sus drones principalmente para prácticas de tiro, pruebas y posibles aplicaciones civiles como entrega de paquetes y respuesta de emergencia. Pero la implicación del Ministerio de Defensa deja entrever la trayectoria del uso militar. Cuando la misión es un vuelo de ida, el blindaje pesado se vuelve irrelevante. Si bien el AirKamuy 150 aún no ha sido probado en combate, la compañía promueve los "ataques de enjambre" como uno de sus posibles usos. Dado que los drones suicidas, por su propia naturaleza, no requieren armaduras pesadas, el cartón desechable puede resultar un material ideal para construirlos.

Queda una limitación importante: el alcance. Lucas funciona con un motor de gasolina convencional y puede volar 512 millas. El AirKamuy 150 funciona con electricidad y tiene un tiempo de vuelo de unos 80 minutos. Esta limitación limitará su alcance de combate más allá de las misiones de corto alcance.
A pesar de esta compensación, las implicaciones más amplias de este diseño merecen atención. A medida que los drones se vuelven cada vez más autónomos, el desarrollo de software de enjambre de inteligencia artificial puede permitirles abrumar a los sistemas de defensa aérea tradicionales. Los experimentos de los últimos meses han demostrado que una gran cantidad de drones pueden operar juntos con una mínima intervención humana. Si materiales más baratos como el cartón reducen la barrera para construir enjambres más grandes, el algoritmo estratégico para la defensa aérea puede cambiar nuevamente.