El sucesor del Papa católico Francisco, el Papa estadounidense León XIV, emitió el lunes su primera encíclica desde que asumió el cargo: "Magnifica Humanitas" (que significa "La grandeza de la humanidad"). Este documento programático de 40.000 palabras apunta directamente a los gigantes tecnológicos de Silicon Valley y pide una regulación urgente y estricta de la inteligencia artificial, trazando así un frente claro entre la iglesia y el centro de poder tecnológico.

En una conferencia de prensa en el Vaticano, el Papa no describió la IA como "innatamente malvada", pero enfatizó claramente que "no es neutral" porque inevitablemente lleva la huella moral de su creador. Condenó enérgicamente la actual investigación y desarrollo de la IA por estar impulsados ​​por la "cultura del poder" y la competencia geopolítica, y le preocupaba aún más que unas pocas empresas crearan "nueva dependencia, exclusión, manipulación y desigualdad" al monopolizar los datos y la potencia informática.

El Papa hizo tres llamamientos centrales en la encíclica: primero, pidió el "desarme" de la IA y la liberó de la lógica de la "competencia armada" entre empresas y militares. En particular, pidió una prohibición estricta de transferir por completo el poder de decisión en materia de ataques mortales a sistemas automatizados; en segundo lugar, criticar la IA intensificará el pisoteo de la dignidad del trabajo, recordando a los desarrolladores que no deben hacerlo simplemente por el bien de La búsqueda de ganancias “sacrifica sistemáticamente puestos de trabajo” y trata a las personas como herramientas desechables; En tercer lugar, frente al “aceleracionismo” o “transhumanismo” defendido por algunas élites en Silicon Valley, el Papa advirtió claramente que depender únicamente de una “IA ética” formulada por unas pocas empresas privadas no es digno de confianza, y que se debe establecer “un marco legal sólido y una supervisión independiente”.

Lo más llamativo de esta ceremonia de lanzamiento es que el Papa invitó especialmente a Christopher Orlacher, cofundador de la importante empresa de inteligencia artificial Anthropic, a sentarse junto a él. Orlacher admitió en la reunión que la IA "la posibilidad de reemplazar el trabajo humano a gran escala es real" y admitió que incluso los laboratorios de IA de vanguardia a menudo se encuentran en medio de "incentivos y limitaciones que entran en conflicto con hacer lo correcto".

El New York Times comentó que la medida del Papa continúa la tradición católica de actuar como árbitro moral durante momentos históricos clave como la "Revolución de la Imprenta". Los medios de comunicación en general creen que esta encíclica no sólo es una poderosa refutación de la cosmovisión de Silicon Valley, sino que también establece un nuevo hito moral para el debate global sobre la ética y la gobernanza de la IA.

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