La contaminación del aire mata aproximadamente a 50.000 personas en los Estados Unidos cada año, pero no todos los contaminantes son igualmente dañinos. Aunque la contaminación por PM2,5 (partículas con un diámetro inferior a 2,5 micras) se ha estudiado durante mucho tiempo, los efectos sobre la salud de las PM1 más pequeñas (con un diámetro inferior a 1 micra) no se han comprendido completamente.

En el último estudio publicado en The Lancet Planetary Health, un equipo de investigación de la Universidad de Washington cuantificó por primera vez los niveles de contaminación PM1 en Estados Unidos durante los últimos 25 años. El estudio calculó la concentración nacional de PM1 en los Estados Unidos mediante modelos basados ​​en los siete componentes principales de PM2.5 (como sulfato, nitrato y polvo mineral). Estos datos proporcionan una base importante para futuras investigaciones sobre salud y medio ambiente.

Las PM1 se originan principalmente a partir de emisiones directas, como las partículas de carbono negro de los motores diésel y el humo de los incendios forestales, y en ocasiones pueden formarse a través de reacciones secundarias del dióxido de azufre y los óxidos de nitrógeno emitidos por la combustión de combustible. Debido al pequeño tamaño de las PM1 (menos de una sexta parte de una célula sanguínea), pueden penetrar más profundamente en el cuerpo humano y causar mayores daños.

El estudio encontró que entre 1998 y 2022, los niveles de PM1 en los Estados Unidos disminuyeron significativamente debido a políticas ambientales como la Ley de Aire Limpio, pero la mejora se desaceleró después de 2010, principalmente debido al aumento de la actividad de los incendios forestales. La prevención y el control de la contaminación en el futuro deben prestar atención a las fuentes emergentes de contaminación por combustibles no fósiles.

Actualmente, otros países como China están un paso por delante en el seguimiento de PM1 a nivel nacional.

Este estudio llena un vacío en esta área en los Estados Unidos y proporciona datos críticos para el desarrollo de políticas y la evaluación de riesgos para la salud. A continuación, los investigadores planean trabajar con epidemiólogos para analizar más a fondo la asociación entre PM1 y los problemas de salud.