Un estudio internacional dirigido por la Universidad Curtin en Australia reveló recientemente que un fósil de hueso de ala de pterosaurio del noreste de Brasil todavía está extremadamente bien conservado en forma tridimensional después de una historia geológica de aproximadamente 113 millones de años, y conserva pistas químicas que apuntan a su antiguo estilo de vida. Este logro no sólo proporciona a los científicos una valiosa ventana al mundo antiguo, sino que también demuestra el rápido desarrollo potencial de la paleontología molecular para revelar los secretos de la vida en el "tiempo profundo".

El objeto del estudio es una falange del ala de un pterosaurio. No sólo tiene una forma clara y una estructura completa, sino que también tiene rastros de moléculas de esteroides detectadas en el fósil. Esta es la primera vez que se encuentra un fósil de pterosaurio. La profesora Kliti Grice, primera autora del artículo y directora fundadora del Centro de Geoquímica Orgánica e Isótopa de Australia Occidental en la Universidad de Curtin, señaló que estas señales químicas proporcionan nueva evidencia de que los pterosaurios pueden haberse alimentado de peces o calamares, proporcionando un apoyo molecular más directo para su ecología alimentaria.

El profesor Grice dijo que este fósil se puede llamar una "cápsula del tiempo": no sólo está bellamente conservado, sino que por primera vez se han encontrado residuos de esteroides a nivel molecular en huesos de pterosaurio, proporcionando pistas sin precedentes para reconstruir sus hábitos alimentarios y su nicho ecológico. Enfatizó que esta es la primera vez que se ha extraído con éxito evidencia molecular de fósiles de pterosaurio, lo que demuestra el poder de los métodos de paleontología molecular y significa que se espera que se identifiquen biomarcadores similares en más fósiles paleontológicos en el futuro.

En paleontología, es extremadamente raro que se conserven moléculas orgánicas en fósiles, especialmente sustancias como los esteroides que se destruyen fácilmente en escalas de tiempo geológicas. El profesor Grice señaló que este descubrimiento no sólo refresca la comprensión de los límites de conservación de los biomarcadores, sino que también desafía la opinión existente de que "el oxígeno desempeña principalmente un papel destructivo" en el mecanismo tradicional de conservación de fósiles.

El equipo de investigación propuso que, en determinadas circunstancias, el oxígeno no sólo acelera la degradación del contenido orgánico. La antigua comunidad microbiana puede desempeñar un papel "protector" en el proceso de formación de fósiles a través de una serie de reacciones de oxidación. Durante la formación de este fósil de pterosaurio, el proceso de oxidación en el medio ambiente trabajó junto con microorganismos antiguos para promover la mineralización en múltiples etapas alrededor de los huesos, permitiendo que la estructura ósea y las moléculas orgánicas quedaran selladas en la roca y se conservaran intactas durante cientos de millones de años.

Según la deducción del equipo de investigación, el pterosaurio se hundió en el antiguo fondo marino después de morir, y luego se desarrolló una "tormenta perfecta" de actividad química, microbiana y condiciones ambientales. Los microorganismos, incluidas las bacterias oxidantes de azufre, comenzaron a descomponer el tejido blando y el material lipídico, provocando la precipitación mineral alrededor del hueso en el proceso, envolviéndolo rápidamente y aislándolo de daños mayores, creando las condiciones para una preservación anormal posterior.

Los pterosaurios son un tipo de reptiles voladores que vivieron al mismo tiempo que los dinosaurios. También son uno de los primeros vertebrados de la Tierra en lograr el vuelo activo. Algunas especies tienen una envergadura de hasta 12 metros. Al igual que las aves contemporáneas, los pterosaurios tienen una estructura esquelética hueca. En ciertos ambientes sedimentarios, esta característica favorece la preservación cuidadosa de los huesos durante el proceso de fosilización, formando así la llamada "biblioteca específica de fósiles enterrados".

El profesor Grice señaló que esta investigación apunta a un camino de conservación anormal que no se había reconocido sistemáticamente antes: durante el proceso de diagénesis con condiciones redox cambiantes, los procesos de oxidación y mineralización impulsados ​​por microbios dan forma conjunta a la apariencia final de los fósiles. Este descubrimiento también proporciona un nuevo marco para explicar el mecanismo de formación de fósiles anormalmente intactos en otras áreas, lo que sugiere que pueden existir mecanismos de preservación cooperativos microbiano-químicos similares en muchos orígenes fósiles de todo el mundo.

La investigación fortalece aún más una comprensión emergente: las pequeñas comunidades microbianas desempeñan un papel clave en la preservación de fósiles, y sus actividades no sólo determinan si los tejidos blandos se pueden reconstruir, sino que también afectan si se preserva la información a nivel molecular. El equipo cree que se espera que este modo especial de entierro y preservación, promovido por microorganismos y condiciones ambientales, se resuma como un nuevo mecanismo global de formación de "Lagerstatten" (biblioteca específica de fósiles enterrados).

El artículo relacionado se titula "Preservación de biomarcadores y mineralización en múltiples etapas en un hueso de pterosaurio de 113 millones de años mediante cambios redox en la diagénesis" y se publicó en la revista iScience el 18 de junio de 2026. Este trabajo de investigación fue apoyado por el Laureate Professorship Fund otorgado al profesor Grice por el Consejo Australiano de Investigación (ARC), que proporcionó un impulso importante para la investigación sobre paleontología molecular y mecanismos de preservación de fósiles.